Masajes para bebés.

Favorecen su desarrollo intelectual y físico y, sobre todo, satisfacen su necesidad de caricias. Además, puedes hacerlos tú misma, en casa, calentitos, con un poco de crema y mucho amor.

El tacto es el medio más inmediato e importante de comunicación que tienen los padres y el bebé. Los diminutos receptores que recorren su piel registran cada toque y caricia recibida, enviando el correspondiente estímulo al cerebro. Por eso, cuando los padres masajean con cariño el cuerpo de su hijo, no solo establecen un lenguaje amoroso con él, sino que favorece la estructura de su cerebro y, con ello, su desarrollo físico, afectivo e intelectual.

Una de las tareas que los bebés deben superar durante el primer año de vida consiste en aprender a reconocerse a sí mismos, a saber que ese pie, esa mano, ese brazo son parte de un todo que integra su propio cuerpo. El masaje favorece esa identificación personal, ayuda a que el bebé se construya una identidad propia y una imagen de su esquema corporal. Por otro lado, al sentir colmada a través del tacto realizado con los masajes esa necesidad de contacto físico con sus padres, adquiere la seguridad y confianza necesarias para su correcta autonomía y movilidad.

Los bebés disfrutan enormemente de ese momento diario de caricias, relajación e intercambio amoroso con sus padres. Y el diálogo que se establece entre ellos, a través del tacto, las palabras, la mirada, no solo es enriquecedor en el plano afectivo para que todo el organismo del bebé funcione bien: circulación, respiración, digestión,… Se dice que después del masaje, el pequeño tiene un hambre de lobo porque su cuerpo está relajado para recibir el alimento en óptimas condiciones.

Los padres que conocen bien el cuerpo de su hijo saben aliviar con sus manos problemas pasajeros (dolor de tripa, gases, estreñimiento, dificultades para conciliar el sueño,…). Pero no basta con coger al niño y darle un masaje en cuánto presenta un malestar. Hay que tener cierta práctica, estar ambos habituados a ello y no intentarlo nunca si el bebé no quiere.

Consejos:

  • El momento óptimo es entre toma y toma, para que el bebé no tenga el estómago demasiado lleno ni esté acuciado por el hambre, y antes del baño.
  • Debe elegirse una habitación tranquila, sin corrientes y caldeada (entre 25 y 28 grados). El bebé ha de permanecer desnudo.
  • Es preciso disponer de una superficie confortable para recostar al bebé, aunque también puede colocarse sobre las rodillas para favorecer el contacto piel con piel. En este caso, el adulto ha de sentarse con la columna derecha y relajado.
  • Coloca a mano un cuenco con aceite tibio o témplalo ligeramente entre las palmas de las manos antes de empezar.
  • Comienza poco a poco, utilizando las manos con decisión, pero sin presionar demasiado. Y, sobre todo, es necesario tener una excelente disposición. Si estamos tensos, intranquilos o con prisas, el bebé lo percibe y el masaje, lejos de ser positivo, resulta contraproducente.
  • Un baño calentito, envolviendo luego al bebé en una toalla tibia, será el mejor colofón: se sentirá totalmente relajado y feliz.

Masajes por todo su cuerpo:

  • En la espalda: El masaje debe iniciarse en el cuello, presionando muy suavemente los omóplatos y, después, bajando hacia las nalgas. Se continúa por las piernas hacia los pies.
  • En el cuello: Con las yemas de los dedos, hay que detenerse suavemente en esta zona y luego continuar a lo largo dela espalda, pero sin llegar a presionar las vértebras.
  • En la tripa: Para aliviar el dolor (por ejemplo, de los cólicos), el masaje se lleva a cabo amasando en forma circular desde el estómago hacia la vejiga, con movimientos firmes y suaves. Después, las manos se deslizan por las piernas hasta los pies donde se termina con una leve presión en la planta.

 

Masaje Bebé La Laguna

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