¡No me hagas reír… que me orino!

Cuántas veces hemos escuchado esta frase y otras similares en nuestro entorno habitual, algunas de mujeres maduras, pero otras de chicas jóvenes.

La incontinencia urinaria es una de las disfunciones pélvicas más comunes: alrededor de un 75% de mujeres tendrá un episodio a lo largo de su vida y, en general, un 50% de la población adulta sufre algún tipo de pérdida involuntaria de orina.

La realidad es que las que la padecen refieren una gran disminución de su calidad de vida; limitación para practicar deporte, para viajar con confianza y tranquilidad, para disfrutar plenamente de las relaciones sexuales, además de la afectación emocional (vergüenza, pérdida de autoestima e incluso depresión y aislamiento). Más del 41% opina que les afecta a sus actividades sociales.

Hasta hace no mucho se tenía la creencia de que tener pérdidas de orina era algo normal y habitual con lo que la mujer debía convivir como buenamente podía.

Por suerte, desde el siglo XX, la emancipación de la mujer con la incorporación al mundo laboral, cultural y social ha supuesto un cambio absoluto en la visión y la forma de vida que se plantea.

El problema de la incontinencia se produce básicamente por el debilitamiento de los músculos del Suelo Pélvico. Entre las causas más comunes de daño de la zona perineal están: el estreñimiento, las infecciones urinarias recurrentes, masa corporal elevada, hipertensión arterial, tabaquismo, incorrectos hábitos miccionales, deporte de impacto, menopausia, medicación y, por supuesto,  el tipo de parto y el postparto.

A continuación, vamos a hablar sobre ellas:

  • El estreñimiento genera unos empujes muy importantes y unas posiciones mantenidas que dañan y debilitan la zona.
  • Las infecciones urinarias repetitivas causan irritación en la vejiga pudiendo generar problemas con la retención.
  • Si tenemos sobrepeso estamos sobrecargando la zona.
  • Sobre el deporte es importante saber qué es recomendable hacer en cada período de nuestra vida y con qué intensidad.
  • Las personas fumadoras son más propensas a tener escapes de orina por la irritación que genera en la vejiga, además de que hay una disminución del nivel de estrógenos, básicos para mantener en buen estado los tejidos.
  • Por alteración hormonal, la menopausia predispone a tener incontinencia urinaria.
  • Los hábitos miccionales incorrectos generan confusión en la zona, orinar con demasiada frecuencia sin tener ganas o  colocarse en posiciones no adecuadas en el urinario, por ejemplo, cuando estamos en un baño público y no se quiere estar en contacto con la taza del váter.
  • El uso de diuréticos cuando se padece hipertensión arterial también aumenta el riesgo.
  • EL parto ES UN PROCESO FISIOLÓGICO NATURAL y ésta es la premisa que toda mujer embarazada debería grabarse a fuego. Somos mamíferos y, en la mayoría de los casos, preparadas para parir con éxito. Una mujer que va a dar a luz no está enferma.

El Ministerio de Sanidad y Política Social en el documento “Estrategia para la atención al Parto Normal” especifica textualmente “en el parto normal debe existir una razón válida para interferir con el proceso natural”. La evidencia científica es muy clara, si no hay una razón médica justificada cuanto menos se interfiera, mejor.

En nuestra sociedad se tiene miedo al dolor, aún cuando no lo hemos sentido ni sabemos si seremos capaces de soportarlo. Medicalizar un parto con analgesia epidural puede tener  consecuencias: es común la administración de  oxitocina (incrementando las probabilidades de ventosa o fórceps que dañan los tejidos y músculos dejando vaginas abiertas, disminución de sensibilidad en las relaciones sexuales y dolor, ruidos vaginales, aumento de infecciones, sobrecarga y desequilibrios), favorece un expulsivo prolongado, incrementa el riesgo de episiotomías y cesáreas.

La peor posición para el expulsivo es la de litotomía (boca arriba), haciéndolo más largo y costoso (con lo que hay más necesidad de episiotomía y uso de fórceps/ ventosa), provoca un estiramiento excesivo de los músculos del Suelo Pélvico, genera más predisposición a prolapsos (caída de los órganos), incontinencia de orina, gases y heces, bloquea la movilidad de la pelvis, sacro y coxis.

Las episiotomías, en la mayoría de los casos, no previenen desgarros y cicatrizan peor que estos. Además, muchas mujeres refieren molestias al sentarse o mantener determinadas posturas incluso años después de que se produzca el corte. También es muy común que las relaciones sexuales se vean limitadas.

Un embarazo tarda de media 40 semanas en llegar a término, así pues la mujer necesita también un tiempo de recuperación considerable. En esta etapa es fundamental ser prudente y valorar cada caso en particular; no podemos dar las mismas pautas a una mujer con un parto vaginal sin complicaciones, que a la que haya sufrido una cesárea. En algunos casos a los cuatro meses la recuperación ha sido muy satisfactoria, mientras que en otros al octavo mes aún hay trabajo por hacer.

No es real ni lógico pensar que después de la cuarentena podemos hacer vida normal a todos los niveles. Una cosa es que haya un informe favorable a nivel ginecológico, en la que el profesional valora a nivel médico lo que le compete, y otra muy distinta es pensar que estamos como antes de quedarnos embarazadas.

Durante el posparto cabe destacar que hay que evitar hacer grandes esfuerzos y cargas inadecuadas, así como el estreñimiento, cuidar al máximo las posturas incorrectas y precaución con la práctica deportiva.

Cuando hablamos de incontinencia urinaria y/o de daño en el suelo pélvico el tratamiento es, en la mayoría de los casos, satisfactorio pero la clave es la  PREVENCIÓN.

Asegúrate de acudir a un profesional que pueda cubrir tus demandas, que esté actualizado y pueda informarte sobre las distintas decisiones a adoptar en tus procesos, que tenga una red de profesionales con los que darte un servicio multidisciplinar adecuado acorde a tus necesidades.

Exige tanto como tanto te quieras a ti misma.

 

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